El juego popular tradicional ofrece grandes posibilidades a nivel educcativo para desarrollar los contenidos propios del curriculo de Educación Primaria. Está especialmente indicada su aplicación en el area de Educación Física, debido a las caracteristicas propias de la misma
Entre sus multiples ventajas se podrian destacar la transmisión de cultura, valores, la interacción generacional propicia, el contacto con el medio natural, la construcción de materiales necesarios para la actividad, etc. Ademas se adapta perfectamente a la diversidad de individuos que comoponen la comunidad educativa. Desde el ambito de la enseñanza escolar, no debemos desaprovechar las multiples opciones que este tipo de juegos nos propicia






miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA RIOJA

A CORTAR EL HILO


Era un juego sin temporada fija. Aunque no era muy frecuente, era juego que se hacía a gusto porque en él se apreciaban las habilidades que se tenían para correr y hacer fintas.
     Se jugaba entre muchos. Uno o una "se la quedaba". Para ello había que donar o sortear de las varias maneras que había para ello: pares o nones; los palillos; donar;...
     Una vez que ya estaba designado el que se la quedaba, los demás se ponían en círculo alrededor y a unos tres o cuatro metros. El que se la quedaba elegía a uno/a de los demás, y al grito de "A por Fulano"empezaba a perseguirlo. El Fulano solía ser uno de los que menos corrían A partir de este momento entre el perseguido y el perseguidor se suponía que había un hilo. Los demás intentaban cruzarse entre ambos y si lo conseguía había roto el hilo y él era entonces el perseguido.
      A veces el cruce no se hacía de manera voluntaria, sino que el perseguido te dejaba en medio y no te quedaba otro remedio que correr y devolverle el favor en cuanto pudieras. Cuando eras pillado tú te la quedabas y volvía a comenzar el juego.


EL ARO


 Nadie sabía quién sacaba primero el aro. Pero lo cierto es que cuando llegaba el final de septiembre, empezaban a aparecer. Y empezaban a sonar por las calles.
     Los había de hojalata y de hierro. Los de hojalata eran los aros que reforzaban el fondo de los baldes de lavar a los que se les limaba la junta para que no estorbasen a la guía. Los de hierro eran una circunferencia hecha de varilla de hierro de unos cincuenta a sesenta centímetros de diámetro. Algunos estaban hechos de cuadradillo, pero eran peores porque rodaban peor en las calles. Los aros de hierro tenían un sonido peculiar. Conocíamos quien andaba por la calle por el sonido del aro.
     La verdad es que los aros de hierro se heredaban. De los hermanos mayores o de los tíos. Y si era bueno, y eso se sabía muy bien, se dejaba a los demás chavales dar una vuelta con el aro como un gran favor o a cambio de algo: un atado de santos, unos deberes dejados para copiar,...
     Al contrario de pelotas, santos, alfileres, platillos y demás, los aros no se podían llevar a la escuela. Así que , aparte de llevarlos rodando a todos los recados que había que hacer, el asunto solía ser salir de la escuela, ir a casa a buscar la merienda y el aro y volver a la Plaza, donde quedábamos todos.
     El auxiliar para poder rodarlo era la guía. Hecha de alambre gorda o de varilla fina, consistía para los aros de hierro en una especie de U alargada en una de sus ramas, distinta para diestros y zurdos, que se doblaba en ángulo recto perpendicular al plano de la U. La longitud del mango dependía de la altura del propietario. Y al final, bien con un palo, bien doblando la varilla sobre sí misma se hacía un agarradero para que encajase mejor en la mano.
     Las de los aros de hojalata eran lo mismo pero mucho más ancha la U.
     Puede parecer mentira a quienes conozcan las calles de Soto, sobre todo a quienas las hayan visto empedradas y con los cancillos, pero he visto subir rodando el aro hasta la Virgen y bajar las escaleritas de la iglesia. La habilidad que algunos tenían era casi circense. Lo que hacíamos todos era ir en grupo por la carretera, llegando hasta Terroba o hasta la Dehesa de Trevijano, o a veces, echando carreras hasta la Cuesta del Cogote y volver, hasta el Hoyo Vallejo o por la carretera vieja hasta la revilla.


A ESCONDER COSTILLAS



Era este un juego para el frío del invierno. Dentro de Portales no nos mojábamos, y a base de jugar entrábamos en calor. La verdad es que un poco burros sí que éramos. Consistía el juego, que podía jugarse a partir de tres jugadores, en apoyar -esconder- la espalda -costillas- en las paredes o en los pilares de Portales, de modo que estuviesen bien ocultas. De lo contrario, cualquiera de los jugadores podía pegarte, -con la mano abierta, eso sí,- todo lo fuerte que quisiera en la espalda.
     Normalmente, el que se consideraba más hábil, o era más capaz de aguantar golpes, se quedaba en medio. Entonces, los que esban apoyados en la pared intentaban cruzar y esconder las costillas en los pilares y de paso, dar un buen golpe al que estaba en medio. Esto era aprovechado por los demás para hacer la misma jugada.
     Normalmente, con toda la ropa que se llevaba en invierno el daño no era mucho. Sólo cuando todos los golpes iban a dar en la misma persona -por lo que fuera- acababa alguno llorando.
     La verdad es que no lo jugábamos mucho rato: al entrar a la escuela, antes de entrar a lo que llamábamos clase de adultos, y en los momentos que estábamos jugando a otra cosa cualquiera y se ponía a llover y había que refugiarse en portales.

A LA OLLERA, A LA PUCHERA!...

 A la ollera,
     A la puchera,
     Amagar
     y no dar.
     Dar sin reír,
     Dar sin hablar.
     Dar un pellizquito en el culo,
     Y echar a volar.

     Y mientras la "madre", que era la persona mayor que divertía a los pequeños, iba cantando esta retahíla, todos los que jugábamos dábamos golpes en la espalda o en el culo de quien se la quedaba que estaba inclinado, apoyando la cabeza en las rodillas de la madre que estaba sentada. Un golpe por la ollora, otro por la puchera, se amagaba y no se daba en los dos siguientes, se daba sin reír y sin hablar. Si alguien se equivocaba, se la quedaba. En el penúltimo, en que se hacía lo que decía y en el último en que todos salíamos corriendo.
     Cuando la madre era una persona mayor, se respetaban las formas. Pero si era uno de nosotros, los golpes eran golpes, y el pellizquito se convertía simplemente en pellizco o en retorcido.
     -¿Suelto la jaula?- gritaba la madre.
     -Suéltela usted- contestábamos todos. Y la madre:
     -Pajaritos a esconder, que ¿la liebre? va a correr.

     Y el que se la quedaba pretendía coger a culaquiera de los demás jugadores para que lo sustituyese.
     De vez en cuando, la madre gritaba:
     -Dedo, dedo,- y levantaba un brazo y extendía un dedo. Todo jugador que agarrase el dedo de la madre estaba a salvo. Si todos lo lograban, volvía a quedársela el mismo. Si cogía a alguno, era este el que se la quedaba.

     De todos modos, cuando dirigía una persona mayor, el dedo siempre se bajaba cuando acudían los que más corrían y los dejaba a merced. Si por el contrario se jugaba entre chicos, acababa siendo un suplicio para el menos hábil que era el que se la acababa quedando siempre.


A PIES QUIETOS


 No era de los más frecuentes. Pero se pasaba bastante bien con él si no era mucho tiempo.
     No había número determinado de jugadores pera para que funcionara debían ser por lo menos cuatro o cinco. Se donaba y uno, o una, se la quedaba.este se cogía la pelota, que era de goma o de lana, -no valía pelota de forros, de las de jugar a mano-.
     Todos los jugadores se ponían juntos y tocando al que se la quedaba. Este lanzaba la pelota al aire y decía: "Una, dos y tres. Pies quietos" Mientras tanto todos los demás se habían alejado todo lo posible. Porque en el momento en que se oía el "pies quietos" ya no se podía avanzar más.
     Entonces el que se la quedaba intentaba dar con la pelota a uno de los otros. Si este era dado, pasaba a quedarsela él y se volvía a empezar el juego. Si no daba a nadie era él mismo el que vovía a quedársela.


EL TANGO


 Es el juego de la rayuela, tanganillo en Alava.
     Se jugaba en Portales, también en el frontón, pero allí había que dibujar en el suelo con un "pinto", -pedazo de yesón cogido en cualquier parte-. Y algunas veces con clariones o tizas de la escuela. En Portales no. El encementado que había en aquella época se había hecho a tiras como de unos sesenta centímetros y quedaba entre ellas una pequeña grieta que servía perfectamente para las divisiones. Sobre todo en el arco que está más próximo al puente del río. El que se cogían las mayores. Tan sólo había que hacerle una raya en medio y escribir los nombres de los días de la semana. El jueves, que era la tira que quedaba al lado del poyo, no estaba partida.
     Había varios juegos: el más sencillo, por el que empezaban todas, -y todos cuando nos atrevíamos a hacer el ridículo, porque éramos mucho menos hábiles que las chicas- consistía en lanzar la pita a la primera tira por la parte derecha, - al lunes,- y a la pata coja -paticoja- ir pasándola empujando con el pie que se apoyaba en el suelo, al martes, miércoles, jueves, donde se descansaba con los dos pies en el suelo y de allí volver por la parte izquierda pasando por el viernes, sábado y domingo.
     Si el asunto había ido bien se iba a martes; la pita había que lanzarla a la segunda tira y se continuaba del mismo modo. Y así hasta el domingo.
     Si se perdía, bien porque se pisaba la raya, bien porque la pita no caía en el sitio apropiado o quedaba encima de la raya, empezaba otra jugadora, que reanudaba el juego donde lo hubiese dejado antes.      Otro juego consistía en lanzar la pita a la casilla correspondiente y pasar a la ida sin tocar la casilla y recoger la pita al volver.
     Las pitas consistían en piedras lo más lisas posible que se cogían en el río o en el barranco. Pero había otra clase de pitas que daban más envidia; eran cajas de lustre para zapatos que se llenaban de barro para que pesaran. Su forma hacía que fueran las más apreciadas.


LOS ENCANTADOS


     Buen juego para entrar en calor. Se jugaba en la plaza y en el pórtico antes de entrar al rosario en el mes de octubre y es parecido al que en otras partes se llama de "Las estatuas".
     Uno o una "se la quedaba", y así como en otros juegos se echaba a suertes, en este lo más corriente era aquello de "el último que llegue se la queda": todos salíamos corriendo y quien llegase el último a la puerta de la escuela, la de abajo o a la puerta del huerto del pórtico era quien se la quedaba.
     El juego consistía en que el que cuando el que se la quedaba tocaba a alguien este debía quedarse parado, "encantado" hasta que otro jugador lo volviese a tocar y lo desencantase. El que se la quedaba tenía que atender a dos frentes: por una parte tenía que seguir encantando a los demás y por otra, tenía que cuidar de que no le desencantasen a nadie. Labor difícil.
     El juego terminaba cuando todos los jugadores estaban encantados, pero eso no ocurría nunca. Antes de esto ya todos nos habíamos cansado de correr o habían tocado "la salida" para empezar el rosario o habían llamado para entrar en la escuela. Por cierto, recuerdo que la llamada era el golpear la barandilla del piso de las escuelas con la llave y se oía. De eso doy fe..


LA TABA



   La taba es el hueso "astrágalo" que aparece en las patas de las reses. Tiene cuatro caras que nosotros llamábamos carne, culo, güitos y correas. Güitos y correas son las caras más anchas de la taba y las que más veces aparecen. Más difícil es que la taba quede en carne o culo. Hay una posición muy improbable, pero que si la tierra en la que se tiraba estaba blanda, alguna vez se daba: la llamada "dominé", que consiste en que la taba quede apoyada en sus lados más estrechos.
     En realidad, la taba, sólo servía como ruleta o dado, porque lo que se jugaba era o perras gordas y chicas, a veces algún real y cuando jugaban los mozos pesetas. Pero entre los niños, generalmente, "santos".
     Los "santos" eran las cubiertas de las cajas de cerillas. Había unas que valían uno, que eran las que tenían es escudo en negro y rojo, de las cajas de las cerillas que tenían la cabeza negra y raspador de lija y las que valían dos, que eran las de colores, con cerillas de papel encerado azul y cabeza blanca y con raspador suave. Un "atado" eran veinte santos. Se solían recortar las cubiertas con dibujo y se metían en lugar del cajoncillo que lleva las cerillas; diecinueve y el de la cubierta que servía de envoltorio.
     Tener cincuenta atados en casa se consideraba ya una fortuna. Y muchas cerillas se debían gastar, porque había quien tenía más de cien. Un atado era, al cambio, una perra gorda, diez céntimos, ahora que volvemos a ellos.
     Para jugar, se trazaba una línea raspada en un suelo de tierra. Uno tiraba la taba; era lo que podríamos llamar la banca. Se hacían las apuestas: El que tiraba la taba apostaba con los demás. Un santo, dos,... un atado, cuatro perras..., las apuestas quedaban en el suelo sobre la línea. De pie y desde una distancia convenida, dos pasos más o menos, tiraba la taba, que debía rebasar la línea de las apuestas. Otro de los jugadores, a veces incluso uno que no apostaba, "el patatero", la tenía que devolver con el pie. En la vuelta la taba también tenía que rebasar la línea. Si salían güitos o correas se volvía a repetir la jugada. Ganaba la banca cuando salía carne y los apostantes cuando salía culo. En el caso de que saliera dominé, todo era para el patatero.
     Había tabas carneras y tabas culeras. Para que asentasen bien, se las limaba contra una piedra arenisca. Normalmente, el que tiraba la taba tiraba con la suya, y procuraba sacar el máximo de carnes. Así que "eres peor que una taba culera" era la frase para no querer a alguno en el equipo de otros juegos porque hacía perder. Si la taba, sin rodar por el suelo, es decir, cuando se tiraba, quedaba carne se decía que la había plantado.



LA TROMPA



Había trompas y trompos. Las trompas eran -y son, porque aún se venden y los chiquillos las bailan,- más panzudas y de madera de haya o de roble, con un rabillo de madera en la parte superior y un clavillo, púa o rejón de acero en la inferior. El rabillo y la parte superior tintados de rojo. Se compraban. Los trompos eran mucho más largos, puntiagudos, sin rabillo, de madera de encina,y se heredaban; pasaban de los hermanos mayores a los pequeños. No estaban teñidos, y el clavillo solía ser un tirafondo al que se le limaba la cabeza y se afinaba posteriormente para que tuviera el menor roce posible.
     Para bailar la una o el otro se utilizaba un cordel trenzado que se enrollaba a partir del clavillo, se lanzaba y al desenrollarse el cordel se imprimía a la trompa un movimiento de rotación que continuaba en el suelo. Para que no se fuera de los dedos el cordel, se ponía de tope en el extremo una moneda de real, que tenía un agujero en medio como las actuales monedas de cinco duros, aunque más grande.
     Se tiraba la trompa de tres modos: a lo bajo o a lo chica, al poder y a clavillazo. Había algunos tan hábiles que la lanzaban al aire y la cogían en la mano bailando. Lo normal era que la tompa bailase en el suelo y que con la mano extendida y abriendo los dedosla hicieses pasar a la palma de la mano para después volverla a dejar bailando otra vez. Eso decíamos que era coger la trompa. Para ello se necesitaba, o era mucho mejor que la trompa girase tan rápidamente que apenas se moviera del sitio; se duerme, decíamos. Si reecorría mucho treco, escarabajeaba, y si saltaba, repicaba. El mero hecho de que bailara y durase más que las de los otros constituía una de los juegos que se hacían con ellas..Otro consistía en coger la trompa en la palma y volverla a dejar bailando. Un tercero le añadía la dificultad de mover perras gordas entre unas rayas que se pintaban en el frontón cuando devolvías la trompa al suelo después de haberla cogido, y que ganaba el que antes las atravesaba. El último juego- que no sé si lo era- lo llamábamos a abrir trompas. Los que jugaban lanzaban sus trompas y la primera que dejaba de bailar era la que había que abrir. La volvía a lanzar cuando los demás estaban ya con las suyas preparadas, y una vez que estaba bailando, los demás jugadores lanzaban las suyas a clavillazo intentando que diera a la otra con la idea de romperla

18 comentarios:

  1. Hoye qu las canicas, el futbol... son también juegos tradicionales

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    1. eso es lo que digo yo

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    2. las canicas si pero el futbol no es un deporte

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    3. el futbol es un deporte pero no tradicional

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  2. Si pusieras imagenes ayudarian a entender el juego. En mi opinion no se entiende muy bien como hacerlo.Soy profesora de E. Física de escolapias y nos faltan ideas para juagar estoy buscando juegos y agradeceria mucho que pusieras imágenes.
    Gracias

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    1. yo tambien soy profesora de E.Física y estoy de acuerdo con tigo
      te agradecerria que pusieras dibujos

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    2. Si eres profesora deberías saber que "con tigo" va todo junto. Así que no seas tan cateta y empieza por culturizarte un poco guapa.

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    3. me parece que podias haber puesto otros juegos mas conocidos que estos, pero ya has hecho demasiado por animarte a contar juegos muy interesantes que casi se desconocen asi que gracias

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  3. Y0 p13n50 qu3 35t4 muy m4l h3ch0

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  4. te has pasado un poco con la pobre a lo mejor se le ha pasado sin querer, así que no hables así

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  5. Yo soy profesora también...
    Me encanta el arroz con leche, no me gusta el cole

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    1. A quien le importa que te guste el arroz con leche, esto es una web de juegos , si quieres hablar de comida te pones a ver la tele.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Genial aporte, con una gran recopilación de juegos,además que nunca viene mal tener algunos juegos más bajo la manga, para ocasiones.
    Y como último os recomiendo "www.nerojuegos.com" mis alumnos se lo están pasando muy muy bien ahí, además de disfrutar con esos juegos, donde aprenden.

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  7. yo también soy profesora y les he mandado un trabajo a mis chicos y sería mejor que pusieses imágenes y así podrían comprender mejor el juego

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  8. no eserterrie4oru wr

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    1. A ver si estudias las teclas del ordenador, que los números no cuentan como letras, lo que hay que aguantar...

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